lunes, 3 de diciembre de 2018

Al despertar.

(Foto: Facebook).

La toma de posesión del nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), acaparó titulares y espacios televisivos durante todo el fin de semana. En medios electrónicos se repetían hasta el hartazgo las mismas imágenes cuando recibía la banda presidencial, cuando le hacían limpia los representantes de los pueblos autóctonos, cuando despedía al presidente saliente, Enrique Peña Nieto, y así. 

Resulta interesante señalar que muchos fanáticos de AMLO eran incapaces de apartar la vista del televisor, mientras se llenaban los ojos de las imágenes que ya habían visto desde el sábado por la mañana una y otra vez. Los que no votaron por el autoproclamado “presidente del pueblo” (pensé que cualquier presidente elegido de un país se hace “del pueblo” ipso facto), pusieron su atención en otras cosas. Trabajar, por ejemplo.


Sin gasolina.

Eso explica que se hayan pasado por alto dos hechos muy graves, o que no se les haya dimensionado de manera adecuada. Primero, desde el jueves la ciudad de Toluca, capital del Estado de México, dejó de recibir gasolina. Así nomás. Poco a poco el combustible se fue agotando de las estaciones de servicio de Pemex, y esta mañana medios electrónicos informaban que hay “miles de automovilistas” detenidos, porque no tienen carburante.

Los ociosos nos preguntamos: ¿Sería casualidad? ¿O un mensaje del nuevo presidente a la clase política a la que pertenece Enrique Peña Nieto, a quien acaban de cantar Las golondrinas? Después de todo, es innegable el parentesco y patrocinio que desde hace años dio Alfredo del Mazo Maza, gobernador del Estado de México, al hoy ex presidente.

O bien, puede ser todo lo contrario. Una zancadilla al nuevo presidente, que ya moderó su promesa de campaña diciendo que va a bajar la gasolina CUANDO esté construida la refinería de Tabasco. Mientras otros países invierten en generación de energía ecológica, él va a construir su elefante blanco, aunque ya no queda petróleo suficiente en México que la haga costeable.

Sea cual sea la razón de este desabasto, resulta muy desafortunado que esto ocurra a tres días de que iniciara la trompeteada “Cuarta transformación”.

Casus belli.

En la entrega pasada advertí que mientras tomaba posesión el socialista a ultranza López Obrador, el gobierno republicano de Estados Unidos se relamía los colmillos con paciencia.

Los que nacimos en el siglo XX, durante años nos tocó ver lo que otros gobiernos republicanos hacían con países de América que pretendían volverse socialistas. Eran, literalmente, reventados desde adentro. Como un alien, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense infiltraba grupos de choque en el país elegido, y luego financiaba la guerra civil hasta derrocar al presidente “amigo del pueblo”. Así pasó con Guatemala, El Salvador, Nicaragua, República Dominicana, Cuba… Sumiendo a esos pueblos en trágicos baños de sangre y, muchas veces, los "gringos" pillándose los dedos por su institucional estupidez.

Hace unas semanas, cubriéndose las nalgas con la primera chapuza llamada “Consulta ciudadana”, Andrés Manuel decidió suspender la construcción del nuevo aeropuerto en Texcoco (NAIM), y empezar a planear la construcción de dos pistas más en la base militar de Santa Lucía, a partir de unos dibujos trazados en su libreta, según narran testigos presenciales que, obviamente, suplicaron que no se revelaran sus nombres.

Ya todo mundo sabe (quizá el nuevo gabinete no) que el NAIM se estaba financiando, sobre todo, con dinero de inversionistas extranjeros. Por eso cuando anunció la suspensión del aeropuerto a medio construir, lo primero que ocurrió fue la caída de la Bolsa Mexicana de Valores, y lo segundo la huida desesperada de otros inversionistas. Mexicanos y extranjeros.

El fin de semana, a sotto voce, AMLO reculó y dijo que siempre no se suspenderían los trabajos en el NAIM, hasta que se reevaluara el proyecto de Santa Lucía. Proyecto que todavía no existe, por cierto. Pero este golpe de timón no fue porque se lo hubiera pensado mejor, o porque sus asesores se hubieran atrevido a hacerle ver el tamaño de su error. Lo que ocurre es que se enteró que los inversionistas estadounidenses ya están preparando demandas multimillonarias. Y todo mundo sabe lo rápido que actúan las cortes en el vecino país del norte cuando se trata de dinero. El héroe Flash es una tortuga artrítica a su lado.

Por otro lado, pero quizá muy ligado a esto, el viernes pasado el consulado norteamericano en Guadalajara, Jalisco, fue atacado con granadas. Curiosamente, los funcionarios del edificio diplomático no dieron a conocer el hecho hasta que las nuevas demandas contra el gobierno mexicano arriba mencionadas, estuvieron a punto. O eso parece.

Hace unas semanas apareció la nota sobre un sicario perteneciente a algún cártel del crimen organizado en México, que decía que le estaban obligando a atacar, precisamente, propiedad estadounidense. A pesar de la advertencia, el ataque se llevó a cabo y no se capturó a los responsables. ¿No es extraño?

Desde el atentado a las Torres Gemelas, basta que alguien pase sospechosamente cerca de un edificio gubernamental de Estados Unidos, en cualquier parte del mundo, para que se eleve la alerta al máximo en el sitio, y las fuerzas armadas en el resto del mundo se pongan sobre las armas. Pero en Guadalajara no. Los mexicanos son tan chingones, que se perpetró un atentado sin detenidos, y ni los SEALS de la Marina estadounidense lo habrían hecho mejor.

Hay que considerar que el ataque a una sede diplomática de cualquier país, puede esgrimirse como Casus belli. Es cierto, he leído muchas novelas de espías, pero también he estudiado sobre historia latinoamericana contemporánea, y le conozco bien las orejas al lobo. 

(Foto: Diario El Economista).
Otro motivo de sospecha es la caravana migrante que, para algunos analistas (ninguno mexicano que yo sepa), fue promovida por el gobierno de Donald Trump con dos objetivos: Uno electoral (fue año de elecciones en Estados Unidos), y el otro estratégico. Con la excusa de la “amenaza” que representan los centroamericanos que llegan a diario a las ciudades fronterizas mexicanas, en un abrir y cerrar de ojos ya se militarizó la frontera. 

¿Veo moros con tranchetes? Tal vez. Pero en mis noches de insomnio pienso que si los franceses invadieron México por unos pasteles, ¿qué no harían los “gringos” por millones de dólares gastados en un aeropuerto que no se construirá?

El Peje tomó posesión
tras una larga campaña,
y sigue haciendo promesas
pa’ ver a cuántos engaña.

Desabasto de gasolina
en un país petrolero,
convierte en una ventaja
conocer al huachicolero.

Aúllan lobos en tierras al norte
mas los pastores parecen sordos.
Que espabilen y se prevengan,
se avizoran problemas gordos.


Quod scripsi, scripsi.

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